martes, febrero 21, 2006

Fueron 12 horas para pensar

No hay nada que un interminable viaje a Tuc* en auto no pueda resolver.

*Dícese del viaje que uno hace solo, de un tirón (12 horas, mínimo) y que implica altas cantidades de buena música, cansancio en dosis recurrentes (para eso están los estacionamientos de los peajes y los árboles del desierto santiagueño), latas de Coca que se calientan a la velocidad del rayo, galletitas Tía Maruca viejas compradas en alguna YPF chorreada, cigarrillos que tienen gusto espantoso por el sólo hecho de fumarlos sentado manejando, y en especial la ausencia de interlocutores.