Es raro cómo Dios (o la vida) elige azarosamente quién será el destinatario de la próxima dolencia. Porque muchas veces la elección cae en los más débiles.
En este caso, es un familiar el que está enfermo (por suerte mejorando).
Es raro ver (tanto tiempo) mi ciudad desde la pequeña ventana del quinto piso del sanatorio. Ya me había desacostumbrado a eso.
Please, que se ponga bien... :(